Cuando decides dejar de sobrevivir y salir del agobio de la rueda de hámster, del no parar de hacer y las prisas, la vida te lo empieza a poner fácil.

Después de coincidir varios días en el parque con otra madre, hablar de si las rodilleras autoadhesivas de los chinos aguantarían en las mallas y constatar que era una plaga de unicornios lo que teníamos en casa, se atrevió a preguntar a qué me dedicaba.

Cuando le respondí que me dedico a ayudar, sobre todo a madres y padres, a reconciliarse con ellos mismos para conciliar vida familiar, profesional y personal y ser un modelo sano, coherente y feliz para sus hijos, se quedó con cara de grata sorpresa que no acababa de entender.

_ ¿Y te ganas la vida con eso?

_ Si, mejor que cuando trabajaba de responsable de marketing y ventas en una multinacional.

_ ¿Y cómo lo haces? ¿Si están mal en el trabajo, les ayudas a cambiar de trabajo? O… _lo siguiente que le vino a la cabeza le hizo reír_ ¿Si están mal en casa cambiar de marido?

_ Jajaja, no.

_ ¿Eres de algún sindicato?

_ No, no soy de ningún sindicato aunque montaría uno para que el permiso de maternidad fuese por lo menos de un año.

_ ¿Experta en organización del tiempo? _ Siguió preguntando jocosa.

_ Tampoco. Cuando era ejecutiva hice cursos de productividad y ayuda a que te cunda más, pero ahí no está la clave para conciliar.

Me acuerdo de esta conversación cuando me pongo a escribir este “sobre mí”. Espero que lo que te cuento a continuación satisfaga tu curiosidad sobre quien soy yo y qué hago aquí, si no, al final tienes una buena alternativa

En mi otra vida de ejecutiva productiva vivía por y para trabajar. Le ponía mucho empeño a lo que hacía porque creía en ello, pero aquella implicación se volvía en mi contra.

No solo porque dejaba de lado otras cosas como mi propio autocuidado, sino por los niveles de estrés que soportaba a raíz de los conflictos internos y externos con los que tenía que lidiar cada día.

Mi familia y mis amigos me veían pasarlo mal y me decían que aflojase, pero yo les explicaba que mi trabajo era como una moto de gran cilindrada; o te subes o te bajas, despacio te caes.

No veía salida. ¿Cómo iba a liarme la manta a la cabeza y dejar el trabajo de mi vida? No tenía ni fuerzas para empezar en otro lado. Pedí ayuda para salir de allí cuando el estrés llegó a un nivel en el que ya no podía ni dormir ni vivir.

Necesitaba entender por qué había caído en aquella ciénaga en la que cada día había más gente.

Quería saber cuál era mi responsabilidad en todo aquello y la encontré, vaya que si la encontré.

Por aquel entonces no era madre pero sí aspiraba a serlo y sentí la profunda necesidad de armonizar mente, cuerpo y alma, antes de que llegase ese momento.

Más aún cuando me di cuenta de lo mucho que mi infancia y la relación con mis padres había marcado mi vida profesional y sentimental.

Reconciliarme conmigo misma supuso deshacer los nudos de los grandes conflictos de mi vida, que se ponían de manifiesto en mi día a día.

Aprendí la lección, evolucioné y la vida aflojó. El camino se allanó.

En ese punto me di cuenta de que vivir aquí y ahora, con presencia, era la clave para disfrutar de mi vida fuera de la ciénaga. Quería estar atenta para que no se me volviese a liar la madeja.

Por aquel entonces no sabía lo que era el mindfulness pero “por casualidad” me enteré y me tiré de cabeza a la formación profesional, sin tener todavía claro que me fuese a dedicar a ello.

Desde ese punto de equilibrio y con la maternidad, se fue vislumbrando un nuevo futuro profesional. Me puse al servicio de la vida y la vida me pasó página.

Cuando acabé mi formación me especialicé en mindfulness aplicado a empresas.

Ayudar a otros a paliar su estrés laboral, me pareció la mejor forma de empezar, pero enseguida me di cuenta de que lo que había debajo de aquel estrés no era solo por tener que cumplir con el trabajo.

La falta de conciliación, los conflictos internos que se manifiestan en nuestra relación con los demás en las diferentes áreas de nuestra vida, no son compartimentos estancos.

Por eso, sentir a menudo que no podemos con nuestra vida, no depende de un solo factor.

Pero si hay un factor común entre tu vida familiar, tu vida profesional y tu vida personal: TÚ. Y eso simplifica bastante las cosas.

La maternidad hizo que me fuese involucrando más en temas de familias y vi que mi propia historia se volvía a repetir.

Padres que, como los míos, no pueden estar disponibles física y emocionalmente para sus hijos porque tienen muchas obligaciones que atender y muchas emociones difíciles que evadir.

Niños necesitados de amor incondicional que sus padres no les pueden dar, porque no lo tienen para ellos mismos.

Dar soporte a los padres es mi forma de sostener a los niños y contribuir a cambiar la historia de adultos como yo.

Ayudar a los padres a conciliar, a sacarles de la rueda de hámster de su día a día para hacer sostenible su estilo de vida, es mi forma de contribuir a una sociedad más amable, más compasiva y más humana.

Me di cuenta de que acompañar a las personas en el camino de autoconocimiento que detona la práctica del mindfulness, requiere ir más allá de la mente racional y conocer más fondo todas las dimensiones del ser (cuerpo, emoción, mente y espíritu), así que me puse a ello.

Me hice instructora de yoga, especialista en técnicas de liberación emocional y ahondé en mi dimensión espiritual bebiendo de muchas fuentes sin necesidad de seguir ningún dogma.

Y en esa búsqueda encontré Qilimbic, el atajo a la reconciliación. Un método que va mucho más allá de lo mejor que encontré para deshacer mis nudos.

Un método muy afín al mindfulness que trabaja con el cuerpo, la emoción, la mente y el espíritu y que da resultados de libro con mucho menos esfuerzo y tiempo del que necesité yo.

Ese contacto tan íntimo con el alma humana, me da mucha visión sobre lo que enseño, porque aprendo lo que no está escrito.

Y en esas sigo de por vida, sabiendo que cuanto más profundo vaya en mi misma, más lejos podré acompañar a los demás.

Ahora tengo la vida familiar, profesional y personal que quiero. Todo está mezclado porque no hay compartimentos estancos y una parcela en vez de ir en detrimento de la otra, la alimenta, la enriquece, sabiendo que si yo crezco todo florece.

Algunas cuestiones más sobre mi

  • Mi familia: Soy madre de una niña que está deseando pillar infraganti al Ratoncito Pérez. Di a luz con 41 años y el embarazo no fue bueno, pero el parto estupendo; gracias al mindfulness, la epidural y la discografía de Ismael Serrano desconocida para mí hasta aquel momento.
  • Estoy casada con un hombre, el padre de la niña, que también podría tener un “sobre mí” en esta web por todo lo que me apoya en el proyecto, pero no tiene especial interés en hablar sobre él.
  • Una afición: Me gusta escribir. Tengo publicado en Amazon un libro sobre estas cuestiones del conciliar o reventar que tiene más comentarios y estrellas de los que en un principio cabía esperar. El segundo escrito junto a los dojis, los miembros de mi comunidad, El Dojo de Vivirmindfulness, está en camino.
  • Un deseo: que dejemos de renegar de nuestra dimensión espiritual para poder atisbar la salida de la vorágine y empezar a desplegar nuestra verdadera humanidad antes de que el planeta se vaya al garete.

Si has leído hasta aquí y no he satisfecho tu curiosidad porque esperabas más salseo, te lo cuento todo en mis correos “Operación Mentalidad Conciliadora”, incluida la escena bochornosa que protagonicé el día que di el ultimátum en el trabajo.

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