Doble presencia de la mujer en el trabajo y el hogar

Desde las organizaciones que se ocupan de evaluar e intervenir en las situaciones de riesgo laboral, se maneja, en el apartado de riesgos psicosociales, el concepto de doble presencia. El Instituto Sindical del Trabajo Ambiente y Salud (ISTAS) define el concepto de doble presencia como “El hecho de que recaigan sobre una misma persona la necesidad de responder a las demandas del espacio de trabajo domestico- familiar y a las demandas del trabajo asalariado”.

Desde la OMS se pide a las empresas que en cuestión de riesgos psicosociales transciendan el ámbito organizacional puesto que son conscientes de que nuestra vida laboral y familiar no son compartimentos estancos. El estrés que podemos vivir dentro de la organización influye en nuestra vida personal y viceversa.

Los consultores especializados en prevención de riesgos laborales, se rompen la cabeza para poder implementar los protocolos establecidos con la mejor voluntad para manejar esto. Les preocupa el estrés que genera, sobretodo en las mujeres, el “estar trabajando con la cabeza en casa”.

Los estudios concluyen que las medidas preventivas aplicadas son insuficientes y advierten del alto riesgo para la salud laboral de las mujeres que supone este factor de doble trabajo. A mi, para paliar el estrés que genera el estar haciendo una cosa y pensando en otra, me surge una medida que por suerte cada vez más empresas implementan, que empieza por “Mind” sigue por “ful” y acaba por “ness” :D.

Pero más allá del ámbito de la prevención de los riesgo laborales, (que no está de más saber que tienen en cuenta esto), más allá de lo que se podría educar en co-parentalidad (que las responsabilidades de la crianza y educación de los hijos fuesen repartidas equitativamente entre los progenitores), más allá de las carencias de los servicios públicos relacionados con atención y cuidado de la infancia y personas dependientes… hoy quiero hablar de como manejar esto desde ti, desde tu área de responsabilidad.

Muchas madres se acercan al Mindfulness como recurso para paliar su estrés debido a esta doble presencia. Se sienten desbordadas en ese “no poder con todo”, es ese sentir “que no hago bien ni lo uno ni lo otro” y tienen la creencia de que su realización laboral va en detrimento de su maternidad y viceversa.

Y… en este conflicto de intereses, de tiempo, de roles, de dinero… ¿qué va primero? “La familia”, dirían sin dudar la gran mayoría de madres (y padres) trabajadoras que conozco. ¿Y qué es dar prioridad a la familia?. Casi todas las mujeres con las que me relaciono como consultora que ocupan mandos intermedios y directivos identifican la familia como su gran valor.

Cuando les pido que echen un vistazo a sus agendas para ver a qué dedican su tiempo y energía, esa realidad refleja algo muy distinto. Aparece la incoherencia, esa que genera sentir una cosa, justificar con la cabeza otra y hacer lo que se puede… día tras día. Incluso si han podido reducirse la jornada, muchas siguen rindiendo como si la trabajasen entera. Seguro que también habrá muchas que hayan podido encontrar un equilibrio y no estén leyendo este post porque no lo necesitan, ¡bien por ellas! :). Esto va para las de la incoherencia.

Una vez tomamos consciencia de los quehaceres que ocupan nuestra agenda, aparece el concepto “tiempo de calidad”, ese que en la mayoría de los casos se concentra entre las 7 y las 8 de la tarde, si tenemos la cena hecha.

Yo no sé en qué grado os pasará a las demás, pero cuanto más disponible me muestro para mi hija, más pasa de mi. Cuanto más ocupada en mis cosas me ve, más tira de mi, más llama mi atención, más interfiere en lo que estoy haciendo.

He descubierto que no se trata tanto de estar presentes “para” ellos, de jugar con ellos, sino de estar presentes desde nosotros “con” ellos. Cuando a los niños les damos presencia, dejan de reclamarla porque ya la tienen y la cosa se distiende. Es importante poder dársela de forma continuada y no a demanda como suele ocurrir, para que no tengan que generar comportamientos especialmente condicionados para conseguirla. Y… ¿De dónde sacamos tiempo para eso?

Madre e hija abrazadasPor otro lado, la intensidad con la que viven el momento presente los niños, dificulta dejar pendientes los temas emocionales para que puedan expresarlos y nosotros sostenerlos, a partir de las 6 o las 7 de la tarde.

Culpar al sistema de que la conciliación familiar-laboral es un mito, no nos va a sacar de esto. Podemos, debemos, reivindicar al gobierno medidas más favorables que puedan hacer esto más sostenible y que la conciliación (laboral, personal y familiar) acabe siendo una realidad, pero el verdadero cambio empieza por que cada uno de nosotros tome la decisión interna de hacer las cosas de otra manera.

El cambio global lo produce un acumulo de decisiones personales llevadas a cabo.

Cuando ya no podemos soportar más esa incoherencia porque tomamos consciencia de ella a través de la atención plena, cuando empezamos a legitimar nuestro sentir, cuando empezamos a discernir cuales son nuestras verdaderas necesidades, empezamos a ver nuevas vías de hacer las cosas. Le vamos perdiendo el miedo a pedir una jornada reducida, a vivir en una casa más pequeña o a cambiar de trabajo.

El estatuto de los trabajadores permite excedencias para ambos progenitores por cuidado de hijos hasta que estos cumplen 3 años. Conozco a poquísimos padres que se acojan a esto; quizá por desconocimiento, quizá porque haya necesidad de llenar la nevera, quizá porque no puedan prescindir de la seguridad que les reporta un determinado estatus económico, por miedo a perder el puesto o a depender económicamente de la pareja.

Pero más allá de lo circunstancial, miremos a lo profundo. Desde la visión sistémica de Bert Hellinger se constata que cuando la mujer se permite vivir plenamente su maternidad, se potencia su desarrollo profesional. Lo he podido vivir en mi y ver en otras muchas madres para las que una maternidad consciente ha supuesto un notable crecimiento profesional derivado del crecimiento personal y espiritual que la maternidad desencadena.

Vivir la maternidad, con todo lo que eso conlleva, nos hace más eficientes, más capaces, más sabias; cualidades que a veces, después de haber pedido una excedencia o una jornada reducida, la empresa privada desprecia porque en su momento tomamos partido por nuestra prioridad y no por la suya.

También conozco a madres trabajadoras que han expuesto sus necesidades y han sentado precedentes de teletrabajo, horario flexible o deslocalización en sus empresas. Estas madres se convierten en el trabajador implicado, comprometido y agradecido por excelencia. Esa especie de trabajador que los departamentos de gestión de personas se suelen esforzar por cultivar, en otros campos, a base de mucho esfuerzo y presupuesto.

Más allá del ámbito organizacional, están esas madres emprendedoras (a la fuerza o no) que ahora salen a la luz. Este movimiento emprendedor surge de ahí, de esas circunstancias que nos empujan a buscar soluciones por nosotras mismas y de ese potencial creador e innovador, que la maternidad nos otorga.

Madre trabajando con niñoSea trabajando por cuenta propia o ajena, nos ponemos casi a diario en el dilema de “mi familia o mi trabajo”. Nos vemos incapaces de ser consecuentes con el tiempo y el esfuerzo que la crianza requiere. Se trata de llegar, no sólo pronto a casa, sino con energías para poder disfrutar de nuestros hijos y de nuestra pareja con ellos ¡Qué difícil para todos!, más aún si somos familia monoparental o tenemos a los abuelos lejos.

Los papás también están en estas, pero somos las madres las que especialmente sufrimos esto porque el universo nos dio el privilegio de gestar, parir y amantar a nuestros hijos y nuestro ego, nuestro sistema y toda la ristra de culpables que a lo largo de la historia queramos recabar, nos han separado de lo que va primero: nuestra propia naturaleza.

Vivir Mindfulness es vivir desde mi, con consciencia, sin tirar balones fuera, observando lo que ocurre a mi alrededor que señala a mi centro.

La necesidad de realización profesional, muchas veces tiene que ver más con mecanismos de protección del ego que busca: estatus, reconocimiento, poder, dinero, etc. desde las carencias de nuestra infancia, que con lo que verdaderamente nos pone al servicio de la vida y nos permite aportar con nuestro trabajo y nuestros dones a la comunidad.

Un día hablaba con una amiga, madre de niños pequeños y artista plástica reconocida, de su añoranza por aquellos tiempos en los que no tenía niños, en los que podía dedicar su tiempo a su obra y se sentía una mujer de éxito en ese sentido. La entendí perfectamente. Señalé a su bebé, el que sostenía en brazos, el tercero que había tenido después de múltiples abortos, algunos de ellos en el segundo trimestre de embarazo, y sonriendo le pregunté; “¿Qué es para ti ahora el éxito?”… los ojos se le llenaron de lágrimas y a mi también. Estoy convencida de que la mejor, las más grandiosa, la más sublime obra de mi amiga está por llegar, gracias en gran parte a su maternidad.

Recuerdo un diálogo de la película “Lo imposible” en el que al registrarse la familia en un resort de Tailandia, el recepcionista le pregunta a la madre su profesión. La madre le contesta titubeando que es médico, pero que lo ha dejado momentáneamente para cuidar de sus tres hijos. El recepcionista le contesta “¡Enhorabuena por el ascenso!”.

En ocasiones me veo enfrascada en mi trabajo, entregada a mi propósito, a mis proyectos, enredada en hacer las cosas lo mejor posible y me desconecto de otras cosas importantes. Mi hija viene a llamar mi atención, me aporrea el teclado del ordenador, me demanda… y surge la tensión de querer acabar lo que estoy haciendo porque mi ego me dice que “tengo que cumplir con el deber”.

La situación me va restando energía, mi cuerpo se resiente, aparece el insomnio y el síntoma me lleva a la toma de conciencia. Entonces suelto los quehaceres, las obligaciones, me permito descansar un poco, pasar al modo ser y reconectar internamente con mis prioridades, poner delante lo que va delante. Ni siquiera hace falta que salga corriendo a jugar con mi hija, la simple toma de consciencia me nutre, me recoloca y me permite coger aire y distancia respecto a esos quehaceres en los que me había enredado. De esa reconexión surge la inspiración para escribir este post.

Me gustaría mucho saber de tus conflictos en ese sentido, tu historia, tanto si eres madre como padre, para poder seguir poniendo consciencia entre todos en este tema tan importante y desde ahí fomentar el cambio.

Quedo a la espera de tus comentarios :). Te invito a compartir el post con todas esas madres trabajadoras que conoces y con esos padres que intentan hacer esto un poco más sostenible.

Gracias por estar ahí para que yo esté aquí :). Abrazo.

¿Te ha gustado?, compártelo 🙂

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