¿Sabes por qué tu marido está ausente de la familia física y emocionalmente?

Una de las dificultades que las madres acusan a la hora de conciliar la vida familiar es que a muchos hombres les cuesta pasar tiempo con sus hijos, tienen menos paciencia con los niños y a menudo, muchas veces por trabajo, pasan mucho menos tiempo con los niños que las madres.

El resultado es que las madres se sienten más cargadas, con menos tiempo para ellas y ven cómo el vínculo que sus hijos tienen con ellas no lo tienen con sus padres por estas cuestiones.

Los niños son Mindfulness de serie, pero es una capacidad que hay que cultivar. Te propongo unas técnicas de Atención Plena.

Al pasar menos tiempo en general con sus hijos, las demandas de estos recaen en la madre porque papá no sabe donde tengo el gorro de la piscina, ni dónde está el cuaderno de pegatinas que no encuentro porque no lo recogió él, ni cuando me toca el jarabe porque todas estas cosas las suele gestionar mamá.

Una parte del conflicto tiene que ver con temas de corresponsabilidad en el reparto de tareas domésticas de las que te hablo en este post. Te lo recomiendo fervientemente porque te puede resultar muy esclarecedor si tienes problemas para conciliar con tu pareja en ese sentido. De la otra parte del conflicto es de lo que te quiero hablar hoy.

De lo que quiero hablar hoy es de la dificultad que tienen muchos papás para pasar tiempo con sus hijos y cultivar el vínculo con ellos. Del dolor oculto e incomprendido que muchos padres sienten, sin ser conscientes de ello, al tener un contacto más estrecho con los hijos.

Los que ahora somos padres de niños/as y adolescentes, venimos de una generación en la que a los varones se les ha educado en cierta forma para no conectar con la emoción. “Los niños no lloran” es la frase que mejor puede resumir el mandato al que muchos hombres han sido y son fieles, para poder responder a las expectativas del entorno desde su primera infancia.

Niño conectando con la emoción
Photo by Kat J

Si cuando tienes seis años ser un llorón es de chicas, te hace débil, vulnerable y lo que está bien visto en tu familia y tu entorno, es ser fuerte e inteligente para poder lidiar con las dificultades de la vida, lo que toca es enjugarse las lágrimas y sacar pecho. Si además tu figura de referencia en cuanto a lo que es ser un hombre de bien, tu padre, actúa desde ese patrón, lo más probable es que lo calques por imitación.

El aprendizaje que se graba a fuego durante este periodo tan sensible en la infancia es; que para sobrevivir en este entorno y ser un buen hijo, lo que hay que hacer es desarrollar el intelecto y trabajar mucho para ganarme la vida y ser un buen padre proveedor como el mío. Expresar afectación emocional , sensibilidad o vulnerabilidad, poco menos que me aparta de ese camino, con lo cual, en un alarde de supervivencia, abro la mochila del inconsciente y meto en el fondo del macuto, todo ese mundo emocional que va conmigo pero que no quiero ver porque me duele y no me sirve.

Toda esa sensiblería, tristeza, dolor, amor y miedo reprimidos se transforman en emociones secundarias que distorsionan el auténtico y verdadero sentir por que no están bien vistas, pero están. Toda esa energía vital reprimida se va acumulando y distorsionando y emerge a la superficie en muchas ocasiones como rabia. Esas lágrimas reprimidas muchas veces emergen con gestos violentos hacia aquellos con los que tenemos una relación más íntima porque es ahí donde es más fácil que levantemos la guardia y salte la válvula de la presión.

Es mucho más aceptable para un hombre dar un puñetazo en la mesa que que lo vean llorar. Desde ahí el patrón se va reafirmando, consolidando, y la vida sigue y el niño crece.

Llega al entorno laboral y ve como todo lo aprendido le ha servido y sus esfuerzos se ven recompensados con un puesto bien remunerado, en base al reconocimiento de su capacidad intelectual. El hombre se siente satisfecho, estable y cree que es la hora de tener hijos porque se siente capacitado para ser un buen padre.

Llegan los deseados hijos. Los bebés lloran y ese llanto se vuelve insoportable porque apela a su llanto reprimido y los devuelven una y otra vez a los brazos de la madre argumentando que con ella se calma. Y los empiezan a querer en la distancia. Cuesta tanto reconocer la huida inconsciente en uno mismo… El contacto íntimo con los hijos les revuelve porque los niños viven desde la emoción y les recuerda su mundo emocional, el que reprimieron, y eso les asusta por desconocido. Ademas, aprendieron que alejarse de lo racional para adentrarse en lo emocional, que para ellos es prácticamente lo opuesto, es peligroso porque en cierta forma te hace perder el norte.

Asomarse a los ojos del hijo para conectar con él es como asomarse a un pozo. Da vértigo, da miedo, porque ahí hay cosas que llevan mucho tiempo no queriendo ver. Esa emoción les separaba del buen camino para ser un buen hijo y paradójicamente ahora, en estos tiempos, en su necesidad compartida del presente, es lo que les impide ser “un buen padre”.

Llegan los terribles dos años y aparecen las rabietas. Su alabada razón aquí no sirve de nada por que un niño de dos años no atiende mayormente a argumentos, razones, ni supuestos chantajes. Un niño de dos años que atiende desde la emoción (rabia) a su necesidad de autoafirmación, patalea y le planta cara a su padre y esto le resulta intolerable. Su autoridad se tambalea y con ella su identidad. Nuevamente vuelven a delegar en la madre porque; “es tan difícil sostener eso sin llegar al guantazo…” Más aún cuando los hemos recibido y nuestro cuerpo guarda el recuerdo de esa energía violenta.

Es muy difícil, empatizar desde nuestra propia emoción cuando la hemos negado.

Ante la incapacidad con los hijos, el trabajo se vuelve un refugio en el que autoafirmarse y sentir que contribuyen. Se convierten en padres proveedores física y emocionalmente ausentes que compensan la ausencia con dinero y sueñan con ese gran momento del fin de semana en el que, en una conversación padre-hijo, poder transmitir sus grandes aprendizajes y educarles para la vida.

Mientras tanto la madre se va cargando y cargando de resentimiento. Se ve sola en la titánica tarea de compaginarlo todo y se desborda. El cansancio dificulta la comunicación e intenta delegar pero la asertividad, con el estrés acumulado, se ha perdido por el camino.

El padre intenta, al menos, sentarse con ellos de vez en cuando a hacer los deberes para transmitirles esa capacidad intelectual tan valiosa, y las resistencias aparecen por todas partes.

Cuando la madre ve sufrir a los niños y siente que ya no puede delegar ni eso, se cabrea y le dice al padre “¡Ves, te tienes que ganar a tus hijos!” entonces es cuando siente que los ha perdido y se derrumba porque en su corazón tiene claro que son lo que más quiere en este mundo, pero no encuentra recursos para hacerlo mejor y se frustra. Ante la frustración se hace pequeño y vuelve de nuevo la mirada al trabajo que es lo que le da seguridad. Y se separa de nuevo de lo que más quiere.

Hombre ausente por el trabajo
Photo by Joshua Sukoff

El padre sigue subiendo escalones en el organigrama y adquiere más responsabilidad. Desde esa nueva posición ya no se valora tanto el conocimiento técnico, ahora tiene por debajo a otros más jóvenes que están a la última. Ahora se trata de liderar a un equipo, de gestionar personas. Tiene que motivarles para que hagan los deberes y remen en una misma dirección hacia objetivos comunes. La empresa le paga un acreditado curso de inteligencia emocional, porque saben que la motivación surge de la emoción y es clave para gestionar personas. Y lo hace y hasta lo disfruta, porque se trata de trabajo. Pero le sigue quedando pendiente lo de casa porque esos ojos se parecen mucho a los suyos, porque ese niño le recuerda tanto a él…

Es muy probable que el protagonista de este post no lo lea. Quizá esté de viaje de trabajo o rehuya de estas cuestiones que lo afrentan cuando la madre consciente que tiene al lado le reenvía un whatsapp con un artículo sobre estas cosas.

Este post lo escribo sobretodo para las madres conscientes que me seguís. Para las que os cargáis con todo esto y os cuesta hablar desde la calma con ellos de vuestra necesidad de compartir responsabilidades educativas.

Lo escribo para las que lideráis el núcleo familiar, la célula de esta sociedad. Para las que, a base de criar, lleváis ya integrado el cotizado máster de inteligencia emocional que le pagan a los directivos/as.

Para las que estáis transformando el mundo a mejor, con cada semilla de consciencia que día a día plantáis en vuestros hijos con los frutos que a través del mindfulness habéis cultivado en vosotras.

Hombre llorando
Photo by Tom Pumford

No escribo para deciros lo que tenéis que hacer, aunque puede que sea eso lo que esperéis porque es a eso a lo que estáis acostumbradas. Escribo esto simplemente para que entendáis su dificultad y podáis ser más compasivas con ellos. Para que honestamente admitáis que probablemente los elegisteis por esa inteligencia y esa autoridad que emanaban, y que inconscientemente os recordaba a vuestro amado padre.

Confío en que desde esa comprensión más profunda de su dolor y su incapacidad, podáis ganar en aceptación y poco a poco encontrar vías para reconectar con el amor que os une y con el amor de esos hijos que tenéis en común.

Faro
Photo by Joshua Hibbert 

Yo por mi parte seguiré quitándome el sombrero cada vez que uno de ellos se siente en el sillón de mi consulta a llorar lo que no lloró y atravesar como adulto lo que no pudo como niño. Aquí estoy para acompañarles a reconciliarse con ellos mismos desde lo más profundo. Aquí estoy para ayudarles a alinear su cuerpo, su mente, su corazón y su alma y recuperar el norte para reconectar con sus hijos. Y desde esa nueva consciencia de lo que son, nutridos por el amor de los suyos, brillar como nunca a la cabeza de las organizaciones.

Por favor, comparte esta información con aquellos a los que creas que les puede ayudar a conciliar. Seguro que te lo agradecen :). Aquí estoy también atenta a vuestros comentarios.

Gracias

Espero que el artículo te ayude.

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5 comentarios en “¿Sabes por qué tu marido está ausente de la familia física y emocionalmente?”

  1. Me ha gustado mucho el post, en mi caso después de esto que escribes y entendiendo de dónde vino la ausencia y la no responsabilidad como padre, vino el divorcio, y lastimosamente él sigue tan ausente como cuando lo chicos eran pequeños y entendiéndolo todo, ninguno se echa de menos a nivel consciente. Supongo que tanto mis hijos como mi ex marido, se han quedado con un hueco que tendrán que sanar
    Gracias

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  2. Este texto me remueve mucho, me siento muy identificada, gracias por hablar de ello. En mi caso, también acabó en divorcio. Y no había cosa más frustrante para mí que verle hacer esos cursos de comunicación no violenta con su equipo, viajes de trabajo para alinearse en la estrategia… y que no tuviera ni el tiempo ni siquiera la disposición de plantearse algo similar en casa. Por no hablar de que ese éxito laboral de una parte de la pareja, con tantas ausencias y delegando todos los cuidados en la otra parte, también merma no solo el autocuidado y otras necesidades de la parte cuidadora sino también su desarrollo profesional. Aunque pueda entender racionalmente las razones de este comportamiento, si la persona implicada no es consciente de ello, me cuesta creer que pueda haber una solución conciliadora cuando ya se está metido en esa dinámica.

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    • Mil gracias Marta por tu comentario y por esa situación que planteas. Tomar consciencia de ello aunque sea desde lo racional, ayuda a entender un poco más al otro y no echar más leña al fuego. Desde esa comprensión podemos ganar puntos de aceptación para dejar de luchar contra ello y poder discernir comos son las cosas y qué queremos con respecto a nuestra pareja y nuestros hijos. Muchas veces un divorcio es lo que hace que esos padres reviertan esa tendencia a ausentarse, gracias a tener que hacerse cargo de ellos, y resulta muy sanador para todos. Otras veces no y eso forma parte de lo que la vida dispone para ese padre, esa familia y esa empresa para la que tanto contribuye en su éxito. Las heridas son grandes palancas evolutivas, no sólo para los individuos sino también para el colectivo.Todo está al servicio de la vida :). He llevado en este ejemplo hasta el final, pero seguro que muchos se podrían reconocer en mayor o menor grado en esa tendencia porque forma parte de lo que a nivel colectivo hemos mamado. Los hombre por este lado y las mujeres por el otro. Por suerte los modelos están cambiando y con ellos la sociedad. Mi misión es poder arrojar luz sobre estas cuestiones para que desde lo individual podamos hacer ese cambio tan necesario en lo colectivo. Gracias de nuevo por comentar. Un abrazo

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  3. En mi caso, está muy presente con sus hijos jugando, haciendo paseos, incluso demasiado encima para mi manera de ver las cosas. Consigue calmarlos, dormirlos durante el día, incluso me indica cómo cree que yo debo hacerlo. En cambio, no hace las comidas, no compra, le cambia poco el pañal, no sabe nada de sus citas médicas, ni ordena su ropa, únicamente pone a veces lavadoras y a veces friega platos o limpia el suelo, pero tampoco toma la responsabilidad por ello, lo hace cuando le apetece. No está pendiente de lo que hace falta en casa. No me parece un problema emocional, me parece machismo adaptado a los tiempos modernos. Y eso me priva muchas veces a mi de disfrutar de los niños porque tengo que hacer todas las tareas y trabajar y no tengo tiempo de jugar o dar paseos.
    Me cuesta reorientar la situación

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    • Hola Lola, mil gracias por compartir esto. Las emociones siempre están relacionadas con nuestros comportamientos. Tanto si los llevo a cabo como si no. Son nuestro motivos para la acción y forman parte de nuestra realidad interna. De hecho, son las que anclan la experiencia. «Ya entiendo porqué me pasa esto y sé que no debería sentir esto pero no puedo evitar sentirme así y hacer lo que hago» es una frase que oigo muchas veces en consulta. Por eso es tan importante trabajar con las emociones y liberar esa emoción atascada desde un lugar menos condicionado que nuestra propia mente racional que ya sabe lo que sabe y sigue sin poder gestionar el conflicto. Tomamos decisiones y actuamos en consecuencia por deseo de sentir unas cosas y dejar de sentir otras. Esto suele pasar a nivel inconsciente, por eso me parece tan importante explicar todo esto desde una perspectiva más profunda, para ayudar a poner consciencia en ello. Tu pareja quizá no tenga problemas de vínculo a nivel emocional con los niños pero quizá cultural y educacionalmente, lo de las tareas domésticas no vaya con él porque ese tipo de acciones no reafirman esa identidad machista que nombras y a todos nos gusta sentirnos reafirmados en nuestra identidad. Por tu lado, probablemente esta situación que te mantiene privada de tu disfrute también tenga un beneficio secundario para ti, que es no sentirte culpable por no hacer las tareas que conlleva cumplir con el rol de madre cuidadora que heredamos. Sé que es generalizar, pero son rasgos que se repiten por el entorno sociocultural que compartimos. Entiendo perfectamente que te cueste porque nos cuesta ver todos estos condicionantes. Te paso este post que seguro te ayudará a entender mejor esto que comentas https://vivirmindfulness.com/vivir/corresponsabilidad. Gracias de nuevo por poner este tema tan común encima de la mesa. Seguro que muchas están en la misma situación. Un abrazo

      Responder

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