Cómo ganar paciencia con el Mindfulness y no perderla con los niños

Cómo ganar paciencia con el Mindfulness y no perderla con los niños
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Como te decía en el post sobre las 8 actitudes Mindfulness, la paciencia consiste en entender que todo tiene su proceso y que todo tiene un ciclo vital que debemos respetar con benevolencia y compasión hacia nosotros mismos y la experiencia en sí.

Tener paciencia significa poder permanecer en el presente con la experiencia sin querer apresurarnos deseando que llegue el momento siguiente, sabiendo esperar con clama a que las cosas acontezcan.

Ahora que te he refrescado el término, te pregunto; ¿Cómo vas de paciencia?, ¿cuánto te hace sufrir tu impaciencia?

En este contexto sociocultural de inmediatez, en el que cada vez tendemos más a acelerar los procesos para llegar a los resultados esperados, en el que el tiempo apremia por todas partes, estamos expuestos a perder la paciencia continuamente y sufrir por ello.

Sufrimos porque perdemos la calma al olvidarnos de que todo, absolutamente todo, tiene un proceso y acelerarlo la mayoría de las veces no está en nuestras manos.

La vida es un continuo proceso que nos perdemos cuando lo queremos acelerar para pasar al siguiente estadio, al siguiente momento, y cuando estamos ahí nos descubrimos queriendo llegar al siguiente, y luego al siguiente y así toda una vida en busca de un futuro, más satisfactorio que este presente, que parece no llegar nunca. Es como lo que te contaba en el post de como soltar el pasado, pero al revés. Ya estás en el momento al que querías llegar hace un momento y ahora ¿qué?

“El único modo de mantener la cordura en un tiempo tan acelerado como el nuestro consiste es familiarizarnos con la calma”

Jonh Kabat Zin

Perder la paciencia tiene mucho que ver con el “modo hacer”, hacer para completar procesos que queremos acelerar para seguir haciendo. Hacer esto para poder hacer luego lo otro y así ir tachando tareas de una lista que no acaba nunca. De hecho, cuanto más haces, más necesitas y quieres hacer.

Cuando tenemos niños al lado, la cosa se complica. Queremos imprimirles un ritmo que dificulta mucho respetar sus tiempos. Nos descubrimos arrastrándolos desde primera hora de la mañana para que cumplan con unos plazos que no son los suyos, y probablemente tampoco los nuestros, pero que nos vemos obligados a cumplir y que nos hacen sufrir y sentir frustración a todos.

Perdemos la paciencia cuando se demoran en cumplir con sus tareas, cuando quieren estar en la bañera más tiempo del necesario, cuando tardan en comerse el plato, cuando queremos que dejen de jugar y nos atiendan, cuando nos queremos ir y no están listos para salir por la puerta… perdemos la paciencia con los niños generalmente cuando están haciendo una cosa y queremos que estén haciendo otra.

Evidentemente hay cosas que hay que hacer sí o sí y gracias a la rutina que desde pequeños (con muuucha paciencia) podemos instaurar (si no lo has hecho todavía, ahora es el momento), podemos facilitar que el proceso se dé.

Más allá de esos quehaceres rutinarios, que muchas veces también nos cuestan porque los imprevistos nos sacan de la rutina, te invito a que llenes tus depósitos de paciencia a través del Mindfulness saliendo del “modo hacer” y conectando con el “modo ser”.

Cuando te paras y conectas con el momento presente, no con el siguiente momento al que quieres llegar, sino con lo que hay, y te permites permanecer ahí, ganas paciencia.

Cuando respiras conscientemente y te permites conectar con tus sensaciones física, dejas espacio para que la calma que necesitas aparezca y ganas paciencia.

Cuando metes esa “cuña atencional” antes de que la situación te desborde, puedes desactivar el automatismo desde la paciencia que hay en ti que la rabia no te deja ver.

La emoción que acompaña a la impaciencia es la rabia, esa que nos ayuda a poner límites cuando sentimos que alguien los rebasa. Pensamos que alguien está acabando con nuestra paciencia y sentimos rabia. La identificamos cuando nos dan ganas de gritar algo parecido a “¡Basta ya!”, sentimos que el corazón late más deprisa y nos dan ganas de hacer algo como dar un puñetazo en la mesa para poner ese límite.

Los grandes consumidores y generadores de paciencia de la humanidad son los niños. La ponen a prueba constantemente y nos obligan a ejercitarla.

Como dijo una amiga psicóloga, esposa de un seguidor de la filosofía sufí y madre de una niña de dos años, junto a la que entraba en ese momento por la puerta de mi casa… “Ya me gustaría ver a los “iluminados” que se lee mi marido, bregar con esto 24 horas al día”.

Pues… si la vida nos ha puesto a los niños en los brazos para que hagamos el ejercicio… ahí van unas pautas para salir con la lección aprendida :).

Deprisa. Decelerar-Priorizar-Simplificar1.- Cambia el DE-PRI-Sa por el DEcelerar, PRIorizar y Simplificar.

Así es, si no llegas a todo, si esto no es sostenible, empieza a tachar quehaceres de la lista y verás que cuantos más dejas de hacer, más motivos encuentras para seguir tachando. De esa simplificación surge la lista de prioridades y decelerar es mucho más fácil. Ganarás tiempo y energía.

2.- Observa los pensamientos que alimentan tu impaciencia.

Son esos que te llevan al momento siguiente y que no te dejan permanecer atento a lo que sucede ahora. Con tu mente abocada al futuro, te va a resultar más difícil gestionar lo que acontece en el momento.

Observa cual es el discurso mental que te hace llegar al límite; “Siempre llegamos tarde”, “Se lo he dicho mil veces”, etc. Cuanto antes cortes con el bucle mental, más fácil será reconducir la situación. Para salir del bucle mental-emocional, conecta con el cuerpo a través de la respiración consciente.

Entrenar tu mente para que permanezca presente pasa por integrar la meditación formal en tu día a día. Ahora que ya has simplificado tachando tareas de la lista, seguro que encuentras un hueco para sentarte a meditar, a básicamente “no hacer nada”.

3.- Pon presencia en lo que acontece.

Si estás gritándole a tu hij@ desde la otra habitación para que se dé prisa en vestirse porque hay que ir al cole y ya llevas un rato así, estas desatendiendo lo que acontece. Toma un respiro y ve donde está la acción para acompañar desde ahí en lugar de seguir metiendo prisa inútilmente.

4.- Observa tu cuerpo para atravesar la rabia.

Cuando empieces a sentir los síntomas de la rabia pon presencia en tu cuerpo y respira esa emoción. Desde ahí te resultará más fácil gestionarla y ponerla en contexto. Ahora ya sabes que hay detrás de esas ganas de gritar cosas de las que luego te puedes arrepentir. Observa la rabia y déjala pasar, es sólo una emoción, así podrás conectar con tu paciencia.

5.- Respeta sus tiempos.

Paciencia niños pescandoCuando forzamos la máquina queriendo que nuestros hijos hagan cosas que requieren un aprendizaje antes de tiempo, les estamos rompiendo el cascarón antes de hora. Cuando la falta de paciencia nos lleva a hacerlo por ellos, les estamos negando la experiencia y con ella el aprendizaje.

6.- Renuncia al chantaje.

Ya sabes de que hablo. Haz referencia a las consecuencias de sus demoras y lo que les puede reportar desde ellos ser diligentes para que tomen responsabilidad. Los premios y los castigos pueden modificar conducta momentáneamente, pero la condicionan a largo plazo y nos hace caer a todos en la manipulación.

7.- Pide un relevo.

Si sientes cansancio, si ves que la situación se está empezando a desbordar, pide un relevo para poder respirar y templar los ánimos.

Pídeselo a tu pareja si está disponible o a tu “yo compasivo”, si, como lo lees. Hay una parte más elevada de ti que puede gestionar esto desde otro lugar, sin identificarse con las circunstancias ni con la impaciencia. A través de la meditación puedes ir familiarizándote con esa parte, vas a ver que se convierte en tu gran aliada :).

8.- Identifica en qué situaciones de forma repetida pierdes la paciencia.

Observa si hay determinadas circunstancias en las que te cueste más ser paciente, probablemente descubras que esas circunstancias tienen que ver con algún aspecto de ti que haya que observar.

A mí lo que más me cuesta con mi hija es que se lave los dientes, no para de jugar y morder el cepillo y tampoco deja que se los lave yo. Me desespera tener que insistir en que abra la boca para cepillar bien por todas partes de forma adecuada, ¿Tendrá esto que ver con mi gingivitis crónica? Tendrá…

Todo se transforma. Metamorfosis Mariposa“Tener paciencia consiste sencillamente en estar totalmente abierto a cada momento, aceptándolo en su plenitud y sabiendo que, al igual que en el caso de la mariposa, las cosas se descubren cuando les toca” Jonh Kabat-Zin

9.- Cultívala en ti para que crezca en ellos.

A menudo somos nosotros los que les pedimos que sean pacientes, los que no entendemos sus ansias. Muchas veces les pedimos a los niños lo que nosotros mismos no podemos dar.

Empatiza con ellos en sus ansias para que también puedan empatizar contigo cuando haya que hacer un sprint. Ejercita la paciencia como un valor para que la puedan ver en ti y les ayude a sostener los procesos de la vida.

Como ves es mucho lo que nuestros hijos y el Mindfulness pueden ayudarnos a ensanchar los límites de nuestra paciencia. Espero que estas pautas te sirvan para armonizar la convivencia con tus hijos.

Me gustaría saber, a ti, ¿cuándo te resulta más fácil perder la paciencia? ¿has identificado algún momento de impaciencia que te lleve a observar algún aspecto de ti?

Deja tus reflexiones en el apartado de comentarios, estaré encantada de leer tus respuestas. Quizá desde ahí podamos profundizar más y seguir tirando del hilo :).

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4 comentarios en “Cómo ganar paciencia con el Mindfulness y no perderla con los niños”

  1. Yo pierdo la paciencia todas las mañanas con los niños, y con lo desordenado que tienen todo. No consigo explicarles ni por las buenas ni por las malas que hay una hora de llegada al cole y que si tienen todo descolocado luego no encontramos nada.

    • Hola Francisco! que bien que os animéis a comentar :). Creo que muchos se pueden ver identificados en esta situación que explicas.
      Os lanzo unas preguntas para la reflexión: ¿Qué te pasa a ti con el desorden?, ¿Quien no encuentra nada, tú o ellos?, ¿Quien no se puede permitir asumir las consecuencias de que ellos lleguen tarde al cole tú o ellos?. La mayoría de los hábitos que nos cuesta inculcar son por falta de tiempo. No podemos/queremos dedicar todo el tiempo que requeriría poder ir incorporando la rutina de forma amable y a lo que nos resistimos persiste. Los niños al final llegan al cole tirando nosotros del carro, y probablemente nunca hayan experimentado las consecuencias de su tardanza por que los que no nos podemos permitir llegar tarde al trabajo por esto somos nosotros.
      Cuando nos encontramos con estas historias que se repiten a diario, os invito a anticipar situaciones y aplicar las estrategias que os propongo para hacer las cosas con otra actitud interna y no seguir repitiendo lo mismo con los mismos resultados. Seguro que vosotros desde el conocimiento de vuestro entorno, encontráis otras formulas que permitan sacaros a todos del bucle. Creatividad al poder! Yo a mi hija para sacarla de la cama por las mañanas, con la persiana bajada, le pregunto si cree que hace sol o nubes, para comprobar si ha acertado ya se tiene que incorporar :). Cuando tarda demasiado en prepararse para ir a la cama, ya sabe que en vez de dos cuentos leemos uno porque se ha hecho la hora de apagar la luz y asume las consecuencias de su tardanza.El problema de lo que mencionas a menudo es que las circunstancias no permiten que los niños asuman las consecuencias de sus actos y desde ahí tomar responsabilidad. Gracias por traer esto a la palestra.

  2. En el número 7 yo ya iba a saltar diciendo «Ja, claro! y si estás sola cómo lo consigues?!».
    Por eso me ha sorprendido e intrigado mucho el tema de pedir un relevo al «Yo Compasivo» cómo es eso? Me interesaría poder aplicarlo. Gracias!

    • Qué bueno Jota el comentario :). Conectar con ese yo más compasivo nos cuesta más porque solemos estar identificados con el triángulo mente/cuerpo/emoción (leer post sobre las dimensiones del ser). Cuando nos identificamos con eso, cuando nos creemos que somos esa emoción (rabia) y el discurso mental al que va asociado («no puedo con esto, !basta ya!» por ejemplo…), la emoción nos arrastra, reaccionamos de forma automática y acabamos muchas veces perdiendo los papeles. Cuando paramos un momento, respiramos profundo y en vez de estar en el rifirrafe de la escena, podemos dar un paso atrás y sentarnos en la butaca del espectador, del observador que puede mirar la escena desde fuera, podemos conectar con otro «yo», más cercano a ese círculo de conciencia que abarca el triángulo . Ese yo no está a merced de la emoción ni del discurso mental que la alimenta. Ese «Yo más compasivo» puede encontrar otras opciones más compasivas, más amorosas, para ambos. No es fácil muchas veces colocarse ahí. Desidentificarnos de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra emoción, es lo que también hacemos cuando practicamos la atención plena :). Te animo a que pruebes la próxima vez. Cuando sientas que estás empezando a caer en la espiral; para, tomar una respiración consciente para conectar con tu cuerpo y salir del bucle, y colócate físicamente en un lugar diferente (siéntate, da un paso atrás…) a ver que tal ves esa escena desde fuera. Haz una pausa y deja que lleguen los recursos desde ese yo menos condicionado, más compasivo. El artículo sobre cómo gestionar las emociones difíciles también te ayudará con esto.
      Otra cosa que nos facilita ese otro yo es a conectar con el sentido del humor, con el juego. Para mi es el gran recurso a utilizar con los niños sobretodo cuando son pequeños. Sería estupendo que tuviésemos un recurso lúdico para cada momento, para cada rutina en la que seamos susceptibles de perder la paciencia. Una alumna me contaba que cuando a su hija le costaba vestirse, le contaba un cuento. Con cada prenda que se iba poniendo ella le iba contando un fragmento, y así le motivaban a seguir vistiéndose :).
      Espero haberte ayudado con el comentario, gracias por poner en común tus inquietudes.

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