¿Pensar en positivo o ser positivo? ¿Tú qué eliges?

Me considero una persona positiva, agradecida y confiada. Esto no quita que en ocasiones, vuelva a conectar con algo del pasado que me dolió o me preocupe más de la cuenta por algo que anticipo futuro y que probablemente nunca ocurrirá. Esto decae mi estado de ánimo, me estresa y me resta energía. ¿Te pasa a ti?

Se habla mucho en estos tiempos convulsos de la importancia de pensar en positivo, tanto es así que muchas estrategias de marketing se basan en ello.

Leo artículos en los que personas de éxito afirman en titulares “a mi cerebro solo le permito pensamientos alegres o útiles” y me da que pensar…, me da que sentir… y lo que me da por hacer es escribir este post sobre el tema.

No es un asunto en absoluto trivial, ser positivo o no, tiene un gran impacto en nuestras vidas a la hora de afrontar los retos (Scheier y Carver, 1985; Scheier Weintraub y Carver, 1986), con respecto a nuestra bienestar físico y mental (Chang, D’Zurilla y Maydeu,1994) incluso a tener en cuenta como predictor de enfermedades (Mroczek, Spiro, Aldwin, Ozer y Bosse, 1993; Peterson, Seligman y Vaillant, 1988).

Scheier y Carver (1985). Observaron que las personas que tienen una expectativa positiva de la vida se esfuerzan más por alcanzar sus objetivos, mientras que las que tienen unas expectativas desfavorables, reducen sus esfuerzos, incluso llegan a desentenderse de la tarea. Dicho esto, podemos tomarle la medida a la importancia del tema tanto para nosotros, como para educar niños que no tiren la toalla a la primera de cambio.

¿Por qué tendemos a pensar en negativo?

Quizá la necesidad de pensar en positivo parte de esa realidad y probablemente de muchas creencias que nos vienen de muy atrás como pueda ser el “piensa mal y acertarás”.

Hace unas semanas te hablaba del concepto de mente de mono y cómo nuestra red neuronal por defecto, cuando no le damos un foco de atención, genera un flujo mental que va de liana en liana, atravesando nuestra selva mental, sin dirección ni intención, haciendo que nuestra atención, y con ella nuestra energía, se disperse.

Te contaba el ejemplo de cómo puedes abrir el ordenador para ver el correo a primera hora de la mañana, acordarte de que tienes que comprar tomates, conectar con el recuerdo de los tomates del huerto de tu abuelo en el pueblo y acabar cantando una canción del Dúo Dinámico.

En este caso la secuencia te ha llevado a un recuerdo agradable y probablemente tu cuerpo, en respuesta, haya segregado alguna sustancia que acompañe ese estado de bienestar, y con eso, tus células “se pongan contentas”. Pero lo habitual es que cuando tu mente de mono está operando, lo más probable es que acabe en algún pensamiento negativo, dígase preocupación, anticipación o recuerdo no tan agradable (te invito a leer de nuevo el post sobre cómo dejar ir el pasado para disfrutar del presente). Suele ser así porque nuestro cerebro no está diseñado para que seamos felices, sino para que sobrevivamos.

Están mucho más ligados a nuestro sistema de supervivencia las preocupaciones, el anticipar peligros y los cuatro o cinco temas recurrentes ligados a nuestros patrones limitantes, que los pensamientos positivos.

¿Qué pasa cuando intento eliminar sistemáticamente de mi mente los pensamientos negativos que me hacen sentir mal?

Desde mi experiencia, el SER positivo no surge al entrenar nuestro cerebro para desechar cualquier pensamiento que resulte desagradable, eso es un proceso mental reactivo y además hay una resistencia, un rechazo a que las cosas no sean como son.

La vida está llena de altos y bajos, nubes y claros… pretender que no sea así y negar las emociones que subyacen a ese proceso mental es no aceptar lo que hay que no nos gusta y preferiríamos que fuese de otra manera. Por otro lado, luchar contra esos pensamientos negativos es la mejor forma de hacerlos persistir y seguir culpándonos por ello.

escalera al cieloLa consigna que veo en algunos foros de auto-ayuda y en un montón de frases que circulan por la red, es que nos lo pintemos bonito. “En vez de pensar que vaya día de perros que ha salido, piensa en que ya no tienes que regar las plantas.” Dicho así suena bien y evidentemente puedo elegir esa visión, el que no se consuela es porque no quiere, la cuestión es que asociada a esa frase de “vaya día de perros ha salido”, seguramente haya una emoción contractiva y pasarla por alto no es la solución.

No se trata de desechar, evitar, rechazar pensamientos negativos, ni siquiera sustituirlos por otros. Eso sería operar en el mismo nivel de conciencia y como decía Einstein, no podemos resolver un problema desde el mismo nivel de consciencia en el que se creó, debemos ir un paso más allá.

De hecho, la emoción es la que ancla la experiencia y en ese sentido, pesa más. Te va a resultar más difícil pensar en otra cosa que no está acorde con esa emoción contractiva y ahora mismo no te da coherencia, que gestionar la emoción conectando con tu cuerpo (en este post tienes una guía para gestionar tus emociones difíciles). ¿Cuántas veces te han dicho “no te preocupes, no pasa nada” y te has quedado igual? ¿Cuántas veces incluso has llegado a entender mentalmente el porqué de algún conflicto y no has podido dejar de sentirte mal por ello? De hecho, cuando gestionamos la emoción, cuando estamos presentes en ella y “la respiramos”, es cuando la podemos liberar y desde ahí el recurso emerge, el mensaje que tiene para nosotros se desvela y la visión cambia.

Quizá el mejor pensamiento positivo que podamos tener no es que ya no tengo que regar las plantas, si no, que conectar con lo triste que me ha puesto que haga mal tiempo y no poder salir a la montaña, me hace tomar consciencia de lo realmente importante que es para mi el contacto con la naturaleza y decida, a raíz de eso, dedicarle más tiempo. La vía de pensar en positivo me puede consolar, vivir la emoción del momento me transforma, me ayuda a crecer con ella.

Recuerda: es más constructivo gestionar la emoción que forzar a tu mente a cambiar de dirección.

Otra cuestión a tener en cuenta es que; de la misma forma que me puedo identificar con mis pensamientos negativos, sufrir y creerme que soy ellos, apegarme a una frase positiva escrita en un tazón con forma de unicornio, es la otra cara de la misma moneda.

Crea conscientemente tus pensamientos y con ellos tu realidad.

Contenedor de basura. Piensa antes de hablarLa clave está en abordar ese cambio de actitud de forma proactiva y no reactiva.

De partida somos libres para elegir en qué pensar, en función de esto nos sentiremos y de ahí surgirá la motivación (motivos-para-la-acción) para actuar en consecuencia.

Otras veces el devenir de la vida nos trae contracción mental y emocional y negar eso es resistirse a ello y no querer estar presente en la experiencia de vida que acontece, tal y como te explicaba más arriba.

Personas con gafas de coloresVemos el mundo no como es, sino como somos. Interpretamos las experiencias como buenas o malas en función del sistema de creencias que tiñe el cristal de las gafas con las que lo percibimos.

Creer es crear y de nuestro sistema de creencias surge nuestra visión de la vida. Aquello en lo que pongas tu atención, aquellos pensamientos que atiendas serán los que alimentes y predominen. No puedes controlar las circunstancias pero sí que puedes elegir donde poner tu atención y lo que atiendas, será lo que crezca en tu vida.

Podemos haber reforzado durante toda una vida surcos neuronales que nos hacen pesimistas volviendo una y otra vez a esos pensamientos negativos que muy probablemente no se correspondan con la realidad presente sino con una interpretación sesgada de la misma. Crear conscientemente tus pensamientos y tu realidad pasa no por contradecirlos, sino por soltarlos.

Deja de retroalimentar tus pensamientos negativos y con el tiempo, esas conexiones sinápticas que forman tu red neuronal ceniza, morirán por inanición.

puerta con cartelCrear conscientemente tus pensamientos es una gran responsabilidad. La idea de que somos los principales creadores de nuestra realidad es intimidante. ¿Qué vamos a crear para nosotros? ¿Y para nuestros hijos? ¿qué pasa si no lo logro?¿y si me equivoco?… Esas dudas son las que no te dejan avanzar y te mantienen en tu patrón para no afrontar esa responsabilidad. A menudo nos resulta más cómodo echarle la culpa a las causas externas y eso nos quita poder y capacidad creadora. Tu discurso mental es tu responsabilidad, te pongas como te pongas, y en tus manos está gestionarlo.

Si de tu boca salen reproches o frases negativas porque forman parte de expresar tu sentir, en función de las creencias mentales que filtran las circunstancias que te rodean, no te sorprendas cuando oigas a tus hijos decirlas.

La invitación es revisar esas creencias y actualizar esos programas ahora que eres madre/padre y ese discurso mental no sólo te contamina a ti. Es un trabajito, lo sé, pero en VivirMindfulness.com encontrarás un montón de recursos para hacerlo :).

Todo hombre, si se lo propone, puede ser el escultor de su propio cerebro.”

Ramón y Cajal

Cómo empezar a SER más positivo.

Para empezar los términos positivo y negativo apuntan a una dimensión dual polarizada de la realidad. Utilizo esos términos para entendernos mejor, pero realmente la conciencia es unidad. Atribuir a una circunstancia la cualidad de positiva o negativa es un juicio en sí mismo que sesga y tiende a excluir una parte de la experiencia.

La realidad es neutra y cada uno respondemos a ella en función de nuestro sistema de creencias tal como acabamos de ver. Creo que resulta más útil hablar de pensamiento contractivo/expansivo en función del reflejo corporal que nos produce la experiencia mental/emocional.

Pero volviendo a eso de cómo puedes empezar a ser más “+”.

Te invito a que empieces observando lo que hay en ti a nivel mental, emocional y corporal sin querer modificarlo a priori para tomar conciencia de ello.

La práctica del Mindfulness te ayuda a ver “lo que hay” y tomar conciencia de que ese discurso negativo y pesimista es parte de ti pero no eres tú tal como te decía en el post sobre las dimensiones del ser. Ese es el primer paso para poder tomar distancia y desidentificarte de ello.

Además te ayudará a ver con más claridad cuales son las creencias que te pueden estar limitando a la hora de tener una visión más optimista del mundo.

Enfoca tu mente en el momento presente.

El objetivo es que tu mente de mono deje de dar tumbos y puedas conectar con lo que acontece. Desde ahí la preocupación o la anticipación tendrán menos hueco.

¿Qué decido hacer ahora? ¿Cuál es mi objetivo?

Focalizate en ello poniendo todos tus sentidos en la tarea y ¡verás como cambia el cuento!. Además, irás cumpliendo con tus metas y a parte de sentirte mejor, tu autoestima crecerá.

Legitima tus emociones contractivas.

Si hay algún contratiempo “negativo”, observa tu discurso mental y cual es la emoción que emerge.

Escúchala, permanece con ella, dale espacio para que sea y desvele ese mensaje que tiene para ti.

¿De dónde surgen? ¿Esta emoción está relacionada con lo que vives en el presente o viene de atrás? ¿Es proporcional a las circunstancias o miras alrededor y en realidad no es para tanto?

Poner conciencia en todo esto te ayudará a desidentificarte de ese miedo, de esa tristeza, de esa desconfianza que te gustaría dejar atrás. La autocompasión, el reconocerte en tu sufrimiento, es el primer paso para empezar a liberarte de él.

Cuida tu cuerpo.

De la misma forma que la emoción sigue al pensamiento y viceversa, un cuerpo lánguido y con poca energía, refuerza una actitud pesimista. Somos un todo y en ese sentido debemos atender todas las partes.

Yérguete, estírate, muévete, segrega endorfinas con el ejercicio físico y verás como es más fácil que emerja de ti una sonrisa :).

Confía desde tu dimensión espiritual.

Vivir la vida en positivo requiere conectar con algo más profundo, no sólo quedarse en modificar el color de un discurso mental.

Mujer jugando con pompasHay un factor común que predomina en las personas que podamos llamar positivas u optimistas y es la confianza en la vida, y por ende, en ellos mismos. Como te decía en el post sobre las actitudes Mindfulness, la confianza con mayúsculas pasa por interiorizar que en esta vida controlamos muy poco y que la vida nos sostiene. Para mi la confianza es un concepto básico de nuestra dimensión espiritual.

Tiene que ver mucho con “tener fe”.

Confiar en que la vida cuida de nosotros pasa por rendirnos y dejar de sufrir por querer controlar en todo momento las circunstancias. La confianza en la vida es la que nos ayuda a fluir con ella.

Podemos vivir desde el miedo o la queja llevando nuestra atención a todo aquello que refuerce nuestra creencia de que vivimos en un mundo difícil, o comprobar que la vida nos sostiene, que nos provee de lo que necesitamos para vivir y que estar vivos, en sí, ya es un milagro.

Medita.

Practica la atención plena, desidentifícate del mal rollo y conecta con tu esencia, esa que está debajo de ese discurso mental.

Desde ahí podrás conectar con la alegría eudaimónica, incausada, independiente de las circunstancias externas, que emerge de tu interior, de tu verdadera identidad.

Contemplar en actitud meditativa a tus hijos, sobretodo los pequeños que están más cerca de esa parte esencial, te ayudará a conectar con tu alegría de vivir.

Agradece.

Brindis de agradecimiento positivoLas grandes y las pequeñas cosas que te rodean, cada día… reconócelas. La gratitud es uno de los sentimientos más sanadores con los que podemos elegir conectar.

Agradece y celebra todas las muestras que constatan que la vida cuida de ti y de tu proceso evolutivo.

Estos serían los principales puntos a tener en cuenta. Como sabrás si me sigues, en cada post procuro dar indicaciones claras y concisas que te ayuden a poner en práctica y llevar a tu día a día las tomas de consciencia que puedan surgir de la lectura.

En esta ocasión, dada la importancia del tema, he querido ir más allá y crear un plan que durante una semana te ayude a focalizar tu atención en ese discurso mental que te gustaría “optimizar” (optimizar= hacer más optimista :D).

Se trata de un vídeo en el que te explico cómo llevar a cabo un ”Plan para SER más positivo en una semana”, al que puedes acceder aquí gratis. Este plan te guiará en un camino de auto-observación que te ayudará a poner consciencia en tus pensamientos negativos y darle la vuelta a tu tortilla mental.

Te adelanto que este proceso de 7 días, como cualquier proceso de transformación, requiere compromiso.

Quizá pienses que no es el momento, quizá no tengas la necesidad de hacerlo ahora, no importa. Pincha aquí para tenerlo en tu correo igualmente, para cuando sientas esa necesidad. Como te decía, tú y solo tú, ¡afortunadamente!, tienes el poder para crearte una mente feliz y crear con ello tu propia felicidad.

Para complementar los contenidos de este artículo que acabas de leer, te recomiendo leer también el post sobre cómo dejar de quejarse.

Hoy más que nunca te animo a compartir este post, seguro que te lo agradecen :). Estaré especialmente encantada de leer tus comentarios y tus dudas para seguir ayudándote en lo que pueda con respecto a este tema.

¿Te ha gustado?, compártelo 🙂

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4 comentarios en “¿Pensar en positivo o ser positivo? ¿Tú qué eliges?”

  1. Gracias Yolanda por tus reflexiones.
    Es una lucha digna de llevar a cabo con uno mismo, más cuando como conoces bien el contexto vital en el plano laboral es hostil, cínico y estresor.
    La no continuidad en ese parar, mirar dentro y respirar te arrastra al lado crítico y negativo.
    Me ha ayudado de nuevo leerte.
    Gracias. 1000 bs

    • Hola Javier, gracias por tu comentario. Entiendo tu sentir. Cuanto más consciencia de nosotros mismos tenemos, más nos puede costar sobrevivir en determinados entornos que nos pueden resultar alienantes. La incoherencia cada vez se hace más patente. Para mi en el plano laboral, ser más consciente de mí misma a un nivel más profundo me ayudó (como comentaba en el post sobre cómo gestionar conflictos laborales) a poder entender mejor mi papel en ese escenario que la vida llevaba muchos años poniéndome delante y soltar…. El conflicto de base, en este y otros muchos contextos, es elegir entre libertad y seguridad y en estos tiempos no es fácil, más aún cuando vamos progresando en la carrera profesional y cada vez “tenemos más que perder”. Te invito a priorizar tener (como tú dices) más espacios para parar, mirar dentro y respirar:) Cuando nosotros nos vamos armonizando por dentro, poco a poco el entorno se armoniza. La transformación es de dentro a fuera y lo que constantemente nos sale es cambiar lo que vemos fuera que no nos gusta :). Me alegra mucho que te ayude leerme. Un fuerte y animoso abrazo para ti.

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